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El temor a la enfermedad

Muchas veces desde el temor que suele dar el solo pensar en una enfermedad que pudiera aquejarnos, dejamos de hacer los controles médicos con cierta periodicidad, o negamos cualquier síntoma que estuviera molestándonos.
Incluso a veces, llegamos a estar tan desconectados del cuerpo, que nos enteramos de que algo salió del equilibrio por un fuerte dolor o una manifestación fuera de lo acostumbrado que nos obliga a tomar medidas.

Habría que comprender dos cosas, la primera que una dolencia tarda mucho en manifestarse en el cuerpo físico, ya que empieza primero en los otros cuerpos. (emocional, mental). De hecho la foto Kirlian lo muestra muchos meses antes de que se “sienta” y revele.

La segunda y más importante, es poder darse cuenta de que ese desequilibrio que parece de pronto mostrarse, está gestado por nosotros mismos y tiene su raíz en fuertes sensaciones, pensamientos y hasta creencias que solemos sostener. El cuerpo físico nos habla, y es el último en acusar recibo de que algo no anda bien en nuestro interior.
Podría hablarnos de que no somos felices, o que no nos sentimos queridos, o reconocidos. Quizás vivamos enojados y ya es tan parte de nuestro sentir, que ni nos damos cuenta del nivel de agresión que manejamos, especialmente con nosotros mismos.
Podrían haber muchas razones, y muchos dirán y.... la herencia... el karma, o... “ nadie ha sufrido como yo....” etc.

Pero más allá desde donde se haya creado, siempre tenemos la posibilidad de revertir, restaurar, restablecer, perdonar, perdonarnos y ponernos en armonía con la vida y los seres que nos rodean. La capacidad de sanación que todos poseemos es inmensa y en la medida que nos sintonizamos con ella, podremos reencontrar el equilibrio perdido, nuevamente.

Existen varias técnicas que podrán ayudarnos en esta tarea, pero también es primordial tener el firme propósito de curarnos, junto con una actitud más amorosa y de cuidado y respeto hacia ese valioso Ser que somos.

Prof. Marta Irene Villafañe 






Acerca del enamoramiento

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
Lámparas y la línea de Durero,
Las nueve cifras y el cambiante cero,
Debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo eres tú. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.


J.L Borges - El Enamorado - Historia de la noche

Como dice el grandioso Borges, el enamorado focaliza el centro de su vida en la persona amada. Todo, desde lo más grande a lo más pequeño, remite al objeto de amor, el mundo gira alrededor de su recuerdo y su imagen. Nada existe por fuera de él.
Así funciona el estado de enamoramiento, absorbiendo a la persona totalmente, fijándola en un solo punto, haciéndola girar una y otra vez en la órbita del objeto amado. Hasta las cosas mas grandilocuentes y maravillosas, como Persépolis y Roma, quedan reducidas a la nada, a la mentira, comparándose con el objeto de amor.
Por algo decía Freud que el enamoramiento es parte de la psicopatología de la vida cotidiana, pues nos introduce en un estado de conciencia alterado a través de una experiencia "normal" y "esperable" en la vida.

El estado de enamoramiento se sostiene básicamente en una gran idealización del objeto amado y en la proyección de todas las virtudes existentes en él, desechando y apartando todo lo negativo o defectuoso. Para quien atraviesa un estado de enamoramiento la persona objeto de su sentimiento es perfecta, sagrada, divina. El enamorado no alcanza aún a integrar las partes luminosas y oscuras, a tener una imagen realista de ese ser humano que tiene en frente. De hecho, si algo negativo asoma, forzosamente lo negará o lo aparatará de su conciencia justificándolo.
Imaginen lo que sucede cuando algo rompe esa idealización, cuando una frustración fuerte hace imposible seguir sosteniendo esa proyección ideal, o cuando la simple cercanía de la persona amada revela su humanidad y sus defectos naturales.
El enamoramiento cae estrepitosamente y es un duelo a veces difícil y doloroso de hacer para quien cree que solo ese estado merece ser llamado "amor".

Sabemos que el enamoramiento es exigente e irreal, pide perfección, idealismo, disociación de defectos y virtudes. Es un momento necesario, pero no debe durar para siempre y lamentablemente, muchas veces no estamos preparados para dejarlo ir y cambiarlo por un amor más realista e integrado.
Cuando esto sucede, caemos en la desilusión y lo que antes nos pareció oro ahora lo vemos como algo insignificante y vacío. No es posible sostener vínculos desde un lugar de tanta idealización y exigencia, desde una posición de tanta absorción y fijación.

La alternativa es trabajar en la aceptación real de uno y del otro, aprendiendo a relacionarnos con la unidad total que somos los seres humanos, compuesta de luz y de sombra.

Lic. Ada Marcos
Psicóloga clínica
 


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