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La Gran Invocación

Desde el punto de Luz en la Mente de Dios
Que afluya Luz a las mentes de los hombres;
Que la Luz descienda a la Tierra.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
Que afluya amor a los corazones de los hombres;
Que Cristo retorne a la Tierra.

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres,
El propósito que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la Luz, el Amor y el Poder
Restablezcan el Plan en la Tierra.


La Gran Invocación es simultáneamente una plegaria, una técnica de alineamiento, una fórmula de meditación y una invocación mántrica por Luz y Amor, que evoca una respuesta.
Personifica la intención divina y resume el propósito del Plan para la Humanidad.

Esta Invocación no pertenece a una persona o grupo alguno, pertenece a toda la Humanidad.

La belleza y la fuerza de esta Invocación reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales que todos los hombres aceptan innata y normalmente:

- la verdad de la existencia de una inteligencia básica a la que damos el nombre de Dios;
- la verdad de que vino a la Tierra una gran individualidad, llamada el Cristo por los Cristianos, que encarnó el Amor para que pudiéramos comprenderlo;
- la verdad de que el amor y la inteligencia son ambos, efectos de la voluntad de Dios;
- la verdad evidente de que el Plan divino sólo puede desarrollarse a través de la Humanidad misma.

 






Lo tóxico y yo

A pesar de los innumerables avances de la ciencia, la tecnología y la voluntad del ser humano, la enfermedad y el dolor siguen invadiendo la vida, con renovada crudeza en algunos casos y en otros con más benevolencia. En todas las formas de análisis de la situación se encuentra al parecer una especie de canje natural, es decir, solucionamos un problema pero, emerge otro (físico y/o mental). La enfermedad no es un acontecimiento de origen externo, sabemos que se necesita de una información que la habilite para que ocurra y esta se encuentra en nuestro pensamiento, o sea, está en nosotros.

El pensamiento negativo no desaparece por sí solo, se transforma, se retiene, se queda dentro de nuestro cuerpo y desgasta el sistema inmunológico. Al no poder soportar las agresiones del medio, al no adaptarnos a la competencia inhumana, al ser discriminados física o materialmente, etc., se genera la idea de impotencia que desequilibra la energía mental y consecuentemente alcanza al resto del organismo. Entonces, al perder la armonía, perdemos la salud. Las emociones negativas nos aportan lo tóxico.

Desde el momento en que alguno de los sentimientos normales cambia o notamos que las emociones están más exacerbadas, debemos estar atentos a los cambios bioquímicos que estos producen y que nos darán una pista sobre los posibles desequilibrios que pueden llevarnos a un estado de enfermedad. Este aviso se “siente” debido a que es la expresión de la falta de compensaciones energéticas. Si no logramos las satisfacciones adecuadas en el área que más nos cuesta desarrollarnos, es posible que nuestra actitud no ayude a resolver la consecuente problemática que surge de no aceptar la situación derivando en una gran pérdida de energía afectando directamente la salud.

Las necesidades básicas del ser humano son simples, no obstante se hace hincapié en un número cada vez mayor de necesidades de consumo que inquietan el pensamiento. Los sustitutos preferidos son las desproporciones de: alimento, bebida, drogas, vestimenta, joyas, sexo, tabaco, posesiones materiales, etc., los que no hacen más que agravar la situación. Por no aceptar la simpleza de las necesidades naturales comienza una carrera imprudente por estos “beneficios” y con ello otro desequilibrio emocional.

Como está claro, la manera de estar saludables es la forma de vida simple y natural. La plenitud es un bien que no necesita sustitutos, está al alcance de todos siendo la manera más económica de vivir. Los trastornos se pueden evitar, en general, buscando la paz interior, el respeto, la comprensión, la sabiduría propia original. La compuerta de lo tóxico es la degradación energética que, provoca la ruptura de las defensas cuando nos alejamos de nuestra naturaleza y dejamos de buscar la felicidad real en el amor y la belleza de las cosas.

Daniel Joffe
Master en Terapias Naturales
 


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