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Con los pies en la tierra

Como seres con un sistema energético que fluye constantemente lo natural es que la energía se cargue y se descargue adecuadamente y en las mismas proporciones, de lo contrario estaremos sobrecargados y nuestro sistema entrará en conflicto.

Si estamos bien afirmados en la tierra nos sentiremos fuertes y seguros sintiéndonos dueños de nosotros mismos en cuanto a las decisiones a tomar y en el interactuar con otras personas.
En Bioenergética se le llama “grounding” al tener los pies en la tierra y este concepto implica el enraizarse, no simplemente apoyarse sobre el piso.
Sería estar conectado con esta realidad, con la vida, con el propio cuerpo, con la sexualidad y con el lugar que ocupo con relación a los demás.
La mayoría de las personas viven en la mente, en sus pensamientos e ilusiones y de esta manera va desconectando la parte baja del cuerpo.
Esto lleva a pararse y caminar mecánicamente sin tomar conciencia de que se está sobre la tierra y que en realidad ella debería sostenernos.

El hecho de estar “volando” o en el “aire” sería una manera de irse y no tomar contacto con las dificultades que pudieran presentarse, intentando de esa manera no sentirlos o negarlos. Pero el problema es que si no se está bien afirmado “al menor empujón” uno puede caerse, lo cual podría traer sentimientos de confusión y reforzar la inseguridad. Cuanto más enraizada este una persona más internamente segura se sentirá.
El tomar contacto con nuestro cuerpo, sus fuerzas y debilidades nos abrirá a una mayor comprensión de nosotros mismos.

La bioenergética es un trabajo integrador que nos ayudará en la aceptación de nuestro “lado oscuro”, como algo más natural y que en definitiva forma parte de nuestra vida y nuestro aprendizaje.
Es una manera de librarse de viejas cargas y sentirse más libres y cómodos en el propio cuerpo.

Quizás como cuando éramos niños, recobrando la flexibilidad y la alegría.

Prof. Marta Irene Villafañe 






Adolescentes en casa: ¿y ahora qué hago?

Desde siempre la adolescencia es considerada una etapa especial de la vida de una persona, pues acarrea cambios, turbulencias y tareas psíquicas difíciles de resolver.
Es una etapa en la cual la formación definitiva de la personalidad, la elección sexual y vocacional, la elaboración del vínculo con los padres, etc., imponen un fuerte desafío al psiquismo en evolución.

Aunque siempre se ha considerado a la adolescencia como una etapa con muchos derroteros, los adolescentes de hoy nos traen un nuevo e importante reto. Las circunstancias sociales, los vertiginosos cambios en la costumbres, las libertades, la forma de poner límites, etc. imprimen fuertes cambios en la producción de la subjetividad, cambios que muchas veces nos dejan desconcertados e impotentes, sin saber cómo responder ante las circunstancias.

Los adultos de hoy somos los responsables de sostener a nuestros jóvenes adolescentes y hacer todo lo posible por colaborar en su desarrollo, sin embargo muchas veces el papel del adulto respecto del adolescente de hoy se ve desdibujado, frágil y con una clara pérdida de autoridad ¿Acaso no sucede como problemáticas globales que los padres no saben cómo poner límites a sus hijos, que reciben tratos y contestaciones impensadas, qué ven en ellos una precocidad que los asusta?

La problemática está instalada de manera masiva y es fundamental abrir el tema para encontrar soluciones que reestablezcan los vínculos de respeto mutuo y afecto. El fenómeno de desencuentro entre padres e hijos adolescentes tiene raíces muy profundas y merece la pena ser tenido en consideración por los profesionales de la salud mental, que somos los encargados de cooperar en la sanidad de los vínculos entre personas.

Tener un adolescente en casa seguramente traerá revolución, movimiento y crisis para toda la familia. Un adolescente en casa es sinónimo de desafíos que sortear. El tema es cómo lograr atravesar ese torbellino codo a codo con el joven, sin tener daños que lamentar.

La adolescencia, con toda su magia y su fuerza, es una etapa donde deben realizarse grandes procesos alquímicos de cambio. Y no solamente es el adolescente el que está sujeto a esta fuerza tan radical, sino también sus padres. Desde lugares distintos la adolescencia impacta en el hijo y en el padre y todos deben reacomodarse a la nueva situación. Por ello, sería bueno comenzar a considerar que los padres y sus hijos adolescentes están en un mismo barco que atraviesa turbulencias y derroteros en muchos momentos, pero están juntos.

Lic. Ada Marcos
Psicóloga clínica
 


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