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¿Será esto amor...?

Muchas cosas se dicen en nombre del amor, mucho se ha hecho y se hace en nombre del amor, se han escrito mil historias, novelas, novelones y a veces parecería ser la causa de cientos de desdichas y pasiones desencontradas.

Se ha relacionado el amor con los celos, con insufribles apegos y necesidades que lindan con la locura y hasta la muerte. Y paradójicamente lo que se supone nos llenaría de felicidad no lleva a atravesar sensaciones que nos alejan de la dicha y la plenitud.
En nuestro camino de aprendizaje quizás ha sido una manera de ir acercándonos a lo que es el amor pero, conocemos lo que realmente es?
El amor de acuerdo a lo que nos dice nuestro emocional estaría mezclado con otras sensaciones, en un “te quiero pero...” o “te quiero porque...” o “te necesito…” y allí hay escondidos reclamos, inseguridades, miedos, sensaciones de soledad, que nos podrían llevar a manipular y a tratar por todos los medios de que las personas
que supuestamente queremos hagan lo que deseamos, nos obedezcan, respondan a todas nuestras necesidades y llenen nuestros vacíos internos.

Quizás todavía no nos dimos bien cuenta de que la fuente de Amor está dentro nuestro y empezar a conectarnos con ella nos ayudará, en primer lugar, a reconciliarnos con nosotros mismos, a curar viejas heridas y de esta manera poder relacionarnos luego, con los otros, de una manera más libre, más nutritiva.
El Amor con mayúsculas es el origen mismo de la Creación, es libertad, alegría, generosidad.
Esta maravillosa experiencia podemos reconocerla en la extraordinaria sensación que despierta, de expansión sin límites y profundo bienestar.
Todos lo hemos experimentado alguna vez, quizás con un hijo, quizás con una pareja, quizás con un amigo o amiga, quizás admirando un bellísimo paisaje, y este amor es un amor sin miedo, donde damos sin esperar nada a cambio y el solo hecho de pensar en ese ser o en ese momento nos abre el corazón.
No olvidemos que “amar al prójimo como a ti mismo” es la llave de la libertad, que de esta forma nuestros vacíos habrán sido llenados y cada ser que llegue a nuestra vida será para sumar aún más a nuestra propia e inagotable fuente de Amor.

Prof. Marta Irene Villafañe 




Lo tóxico y yo

A pesar de los innumerables avances de la ciencia, la tecnología y la voluntad del ser humano, la enfermedad y el dolor siguen invadiendo la vida, con renovada crudeza en algunos casos y en otros con más benevolencia. En todas las formas de análisis de la situación se encuentra al parecer una especie de canje natural, es decir, solucionamos un problema pero, emerge otro (físico y/o mental). La enfermedad no es un acontecimiento de origen externo, sabemos que se necesita de una información que la habilite para que ocurra y esta se encuentra en nuestro pensamiento, o sea, está en nosotros.

El pensamiento negativo no desaparece por sí solo, se transforma, se retiene, se queda dentro de nuestro cuerpo y desgasta el sistema inmunológico. Al no poder soportar las agresiones del medio, al no adaptarnos a la competencia inhumana, al ser discriminados física o materialmente, etc., se genera la idea de impotencia que desequilibra la energía mental y consecuentemente alcanza al resto del organismo. Entonces, al perder la armonía, perdemos la salud. Las emociones negativas nos aportan lo tóxico.

Desde el momento en que alguno de los sentimientos normales cambia o notamos que las emociones están más exacerbadas, debemos estar atentos a los cambios bioquímicos que estos producen y que nos darán una pista sobre los posibles desequilibrios que pueden llevarnos a un estado de enfermedad. Este aviso se “siente” debido a que es la expresión de la falta de compensaciones energéticas. Si no logramos las satisfacciones adecuadas en el área que más nos cuesta desarrollarnos, es posible que nuestra actitud no ayude a resolver la consecuente problemática que surge de no aceptar la situación derivando en una gran pérdida de energía afectando directamente la salud.

Las necesidades básicas del ser humano son simples, no obstante se hace hincapié en un número cada vez mayor de necesidades de consumo que inquietan el pensamiento. Los sustitutos preferidos son las desproporciones de: alimento, bebida, drogas, vestimenta, joyas, sexo, tabaco, posesiones materiales, etc., los que no hacen más que agravar la situación. Por no aceptar la simpleza de las necesidades naturales comienza una carrera imprudente por estos “beneficios” y con ello otro desequilibrio emocional.

Como está claro, la manera de estar saludables es la forma de vida simple y natural. La plenitud es un bien que no necesita sustitutos, está al alcance de todos siendo la manera más económica de vivir. Los trastornos se pueden evitar, en general, buscando la paz interior, el respeto, la comprensión, la sabiduría propia original. La compuerta de lo tóxico es la degradación energética que, provoca la ruptura de las defensas cuando nos alejamos de nuestra naturaleza y dejamos de buscar la felicidad real en el amor y la belleza de las cosas.

Daniel Joffe
Terapeuta
 


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