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Sri Aurobindo

Aurobindo Ghose nació en Calcuta en 1872, se graduó con las máximas calificaciones en los estudios de literatura y lengua inglesa y clásica en la Universidad de Cambridge, al mismo tiempo se preparó para ingresar en el Servicio Civil de la India, administración india al servicio de la colonia inglesa, rehusando presentarse a los exámenes finales pues su ideal nacionalista le empujaba en otra dirección. Desde su regreso a la India en 1893, concilió su trabajo en diversos colegios como profesor y director con las actividades políticas, el estudio de la tradición y la prosecución de su trabajo espiritual, logrando en este periodo la inmovilidad total de la consciencia y la realización del Brahman silencioso.
Fue uno de los grandes líderes del movimiento nacionalista, y su influencia marcó profundamente el pensamiento de la India vertiendo sus ideas en escritos políticos, inspirados en el acerbo espiritual de su pueblo, que se publicaron periódicamente en diversos medios nacionalistas. Fue encarcelado por dichas actividades, y durante su permanencia en la prisión de Alipore tuvo su segunda realización espiritual, la consciencia cósmica que le hizo ver al Divino en todos los seres y en todo lo que existe. Estaba ya en camino de las dos realizaciones restantes: la de Brahman en su doble aspecto estático y dinámico y la de los planos superiores de la consciencia, más allá de nuestra mente limitada, hasta la supermente espiritual, mediante la cual se hace posible establecer un nexo entre el espíritu y la vida material aquí en la Tierra y conquistar la naturaleza para lograr una vida divina en un cuerpo material. Tuvo que huir a Pondicherry, enclave de administración francesa, y allí, aunque nunca apartó su interés de los asuntos políticos de su país, se dedicó exclusivamente a la consecución de su yoga, el yoga integral, no para sí mismo sino para la humanidad, que sintetiza la tradición hindú con la moderna teoría evolucionista. Sri Aurobindo fue uno de los escritores más prolíficos de su país de los últimos dos mil años.
En sus años de reclusión en Pondicherry plasmó su visión del mundo en numerosos escritos. Sus obras capitales La Vida Divina, La Síntesis del Yoga, El Ideal de la Unidad Humana, El Ciclo Humano, Renacimiento y Karma, y el poema épico Savitri que relata en clave poética su propia experiencia espiritual constituyeron su legado intelectual a la humanidad. Dejó este mundo el 5 de diciembre de 1947, después de haber contribuido a lograr la independencia de la India coincidiendo con el día de su aniversario, el 15 de agosto de 1947.

La Vida Divina, su obra principal, es una exposición completa de la condición del ser humano cuya misión es descubrir y expresar al Divino en sí mismo y en el mundo. La aspiración constante del hombre hacia la perfección, a pesar de sus contradicciones, el rechazo materialista por todo lo espiritual y la tendencia escapista de la vida ascética. Reconcilia el derecho del Espíritu puro que presiona para manifestarse en nosotros y la reclamación de la materia como molde y condición de nuestra vida, dando a ambos su justa participación en la vida y en el pensamiento. El destino del hombre individual en el universo es la progresiva revelación de una realidad superior trascendente y luminosa en las múltiples relatividades de este y otros mundos. A causa del ego, un instrumento limitado para tal fin, el hombre se ha apartado de esta realidad superior común a todos, y sólo reconoce su experiencia parcial. A través de los métodos del conocimiento védico podemos superar esta insuficiencia y alcanzar el puro existente con una mirada desapasionada y la visión curiosa de quien quiere alcanzar la Verdad. Una fuerza consciente dirige nuestra existencia fenoménica a través de la evolución con ese objetivo.
El leitmotiv de esta existencia pura es el deleite en la manifestación múltiple de sí misma, llevando este deleite a la existencia de todas las cosas. Nosotros y nuestros modos de vivir no somos una ilusión sino también esta realidad creada por el poder y el deleite de este pura existencia consciente. Un principio activo de voluntad y conocimiento superior a la mente, creador de los mundos es el poder intermedio y un estado del ser entre la posesión de sí del Uno y el flujo de la multiplicidad, es la supermente, naturaleza del Divino en su actividad creadora. Podemos afirmar así que la naturaleza de la existencia absoluta tiene esta triple cualidad de Consciencia, Fuerza o Voluntad y Deleite. La supermente no es un simple estado de consciencia, y hay que darle una firme base filosófica racional para ponerla en clara relación con la humanidad y la vida humana y con la propia naturaleza del mundo y de nuestros antecedentes cósmicos y la inevitabilidad de la evolución. El error fundamental de la mente, en su origen divina, es su caída de este conocimiento de sí por la que el alma individual se ve como un hecho separado de la unidad fundamental. La función verdadera de la mente, el principio superior de nuestra existencia humana, es el de ser un agente creativo cósmico y no un mero órgano perceptivo de las cosas que la fuerza, o vida, crea en la materia. La vida, tal como se manifiesta en la materia, es una forma de la energía cósmica una. La mente está latente en la vida igual que la vida está latente en la materia. Del mismo modo la supermente está latente ya en la mente. La pulsión de la existencia por crecer y multiplicarse, el intento de lo individual por mantenerse y agrandarse tiene como instrumento el deseo, cuyo funcionamiento básico le lleva a devorar y ser devorado por otros continuamente. Pero también existe la necesidad y el deseo del intercambio y de la fusión con los otros. La unión, la armonía y el amor, con su capacidad de dar y recibir, deben sustituir a este deseo primario de permanencia. La lucha por lo individual sólo puede desaparecer por la fusión con los demás en el infinito.
La importancia del cuerpo material es obvio, gracias a éste el hombre es capaz de elevarse por encima del animal, de servir a una progresiva iluminación mental. Todos los instrumentos del ser humano, entonces, cuerpo, fuerza vital, y mente coadyuvan para hacer emerger la consciencia secreta que late en su interior y que es la simiente del ser divino en él. La materia, pura sustancia, es la base firme de la relación cósmica en la que la primera intención es la aparición de una forma duradera en su máxima expresión de individualidad, es la fórmula de del universo material. En la escalera ascendente hay toda una serie de posibilidades de existencia que van hasta la fórmula de la pura espiritualidad. El estadio intermedio, el de la Supermente, es el principio creativo del Absoluto o Idea-Real en conexión con la existencia absoluta, la consciencia absoluta y la voluntad original que en perfecta unión con dicho conocimiento puesto que es parte de él mismo tiene el poder de una existencia dinámica y una acción iluminada que desarrolla infaliblemente el movimiento, la forma y la ley de las cosas en justo acuerdo con la Verdad que existe por sí misma y en armonía con la significación de su manifestación. La base de la ignorancia es esta separación de la consciencia absoluta, pero nada en la formación del ser humano, ni la vida, ni la mente, ni la materia necesitan de una caída, de una separación, de este conocimiento.

Fundación Centro Sri Aurobindo de Barcelona 


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