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¿Solos o acompañados?

Parece haberse vuelto común en estos días ver, tanto a mujeres como a hombres, andar solos por la vida.

Algunos o especialmente algunas, convencidas de que la soledad es la mejor opción y repitiendo frases como “mejor sola que mal acompañada”, “no hay hombres...(¿?)”, “yo sola me las arreglo bien...”, “es mucho trabajo conocer un hombre nuevo...”, en fin, podría seguir sumando las cosas realmente increíbles que solemos decir.

Y lo notable de estos comentarios es que ya no se limitan a una generación, generalmente a mujeres de más de 50 que “colgaron la toalla”, sino que se observa una suerte de desencuentro con el sexo opuesto tanto en las de veinte como en las mayores y de acuerdo a la edad se plantea una problemática diferente.

Digamos que las más chicas quieren tener su “chico” llena de ilusiones, pero cuando llegan a los 30 empiezan a preocuparse por la soltería.

Entre los 30 y los 40 y pico surge el miedo a que se les vaya el tiempo de ser madres, y luego de esta edad, dependiendo de si alguna vez formalizaron o no, vendrán los diferentes temores, sensaciones de frustración, de no ser lindas, buenas, aprobadas, reconocidas, amadas.

Por otro lado los hombres, a los que tampoco les gusta estar solos, suelen negociar con ellos mismos el unirse a alguien que en lo posible no les cree más tensiones,
como por ejemplo una mujer que en la tercera salida le pregunte que nombre le pondría al hijo que le gustaría tener con él o a qué lugar la llevaría de luna de miel.

O que sea tan eficiente, profesional y omnipotente que le haga sentir que con él o sin él va a estar bien igual.

¿No estaremos esperando que otro venga a llenar nuestros espacios vacíos? ¿Y que nos haga felices para siempre cumpliendo todas nuestras expectativas y demandas?

La pareja es un lugar de aprendizaje donde se manifestará nuestra mujer o nuestro hombre de una manera que no lo hace en otras áreas, nos moverá sensaciones que podrán hacernos sentir inseguros unas veces, e increíblemente felices otras, es un lugar de crecimiento donde nos veremos obligados a encarar nuestras zonas vulnerables.

Es un riesgo, pero no nos olvidemos que esa muralla que construimos para no permitir que alguien nos haga sufrir, es la misma que evitará que disfrutemos de todo lo bueno que puede ofrecernos la vida.

Las técnicas de autoconocimiento nos darán los elementos para seguir creciendo sin padecer, trascender nuestros temores y a abrirnos a los cambios y desafíos más seguros y confiados.

Prof. Marta Irene Villafañe 




Dimensión intrauterina y angustia

Es observable, en la práctica clínica, la relación entre el estrés intrauterino y la angustia en jóvenes y adultos. A tal punto que me permito afirmar que las situaciones traumáticas de la madre y del entorno inmediato a ella, durante el embarazo, condiciona una predisposición al desarrollo de padecimientos de angustia en la futura adolescencia y juventud de este ser que por el momento está en formación intrauterina. Trastornos, que por otra parte suelen manifestarse sin causa aparente. Atender a esta lógica, nos permite trabajar terapéuticamente en una dimensión fenomenológica de la angustia.

Esta afirmación, tiene diversos supuestos antropológicos, detallo algunos: (a) El estado de vulnerabilidad de la criatura desde el momento embrionario, frente a influencias de orden emocional y psíquico de su madre y por transferencia de su entorno inmediato. (b) La existencia de una psicología de “impregnación” con preeminencia a la constitución de la personalidad. (c) La relación y disposición psicogenética entre ambiente, “impregnación” y la futura manifestación psicológica.

Ahora bien, nuestra primera pregunta fue, a partir de esta observación, ¿Cuál es el mecanismo? que hace posible que influencias externas a la criatura, aun en formación embrionaria, se establezcan y perduren como potenciales acompañando el desarrollo del niño y del adolescente para manifestarse en un futuro actualizando estados traumáticos, que como fenómenos psíquicos, se vivencian en las formas que conocemos como trastornos de angustia.
Esto implica pensar en una suerte de codificación, que al igual que la memoria de una semilla, se mantiene en potencia hasta el momento en que condiciones apropiadas permitan su actualización.

La primer hipótesis, y que personalmente mantengo, es que la criatura está en un estado de absorción en el sentido amplio del concepto, constituyendo las estructuras orgánicas, nerviosas, y psíquicas; dimensión de extrema vulnerabilidad que requiere de cuidados especiales.
Según nuestras deducciones, se trata de “memorias” en el estricto sentido. Salvando la distancia que implica una metáfora, podríamos compararlo con el software basura o virus informático, que ingresando en este periodo de “programación” en la criatura, va ha generar desastres en el futuro cuando se den las condiciones de “ejecutar”. Esta hipótesis nos permite trabajar la angustia, como un elemento que parasita en la psiquis y que de hecho, no es necesario elaborar abordajes retroactivos; sino que es posible trabajarlo en la vivencia presente. Tampoco se asume el trastorno como ontológico sino meramente fenomenológico.
Es así que en la práctica clínica me he encontrado con muchos casos en los que pude investigar las condiciones en que sus progenitores decidieron (o no) su existencia y el modo en que evoluciono el embarazo, encontrando una relación muy notable entre los traumas ambientales en la dimensión intrauterina y los actuales del o de la consultante. Entre otros casos, puedo mencionar el de una joven con diversos intentos de suicidio que en su origen se trató, no solo de un embarazo “no deseado” sino de frustrados intentos de aborto.

Ciertamente no trato de generar un pensamiento lineal ni establecer una causalidad basado en la reducción a un solo factor, pero presento esta tesis, a los efectos de ampliar el espectro de análisis en la psicogénesis de la angustia; y que por otra parte me baso en una amplia casuística, que pongo a disposición de los interesados en investigar sobre este fenómeno. También considero de mayor importancia establecer un ámbito de discusión sobre la salud psíquica intrauterina. Dimensión que insisto es de mayor vulnerabilidad y demanda por parte de la madre un estado de armonía emocional y paz intelectual que debe ser ayudada por todo el entorno cercano a ella.

1 - Utilizo el concepto de impregnación en el marco de la teoría cuántica, haciendo directa referencia a la impregnación magnética. El cuerpo humano es considerado un complejo energético con campos magnéticos en interrelación y armonía cuántica. 2 - Podemos pensar, siguiendo esta linea argumental, en una psicogenética ambiental de la angustia.

Lic. Walter José Kirby
Instituto EIS
 


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