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Homeopatía y Psicoanálisis

Plantear que la Homeopatía y el Psicoanálisis poseen puntos de coincidencia tal vez pueda parecer una osadía. En un primer acercamiento a ambas teorías nada parece relacionarlas; sin embargo, una nueva aproximación nos permitirá observar con claridad que las coincidencias son muchas y de suma importancia.
Este trabajo intenta, pues, señalar algunas de estas relaciones entre la Teoría Psicoanalítica y la Teoría Homeopática para que, más allá de las disidencias, podamos aunar esfuerzos, sumarlos y así continuar caminando hacia nuestro único objetivo que es la curación del hombre.

La Teoría Homeopática
Samuel Hahnemann nació en Alemania el 10 de abril de 1755 y falleció en París el 2 de julio de 1843, a los 88 años. En 1796, a la edad de 41, descubrió la Medicina Homeopática, marcando un hecho fundamental para la historia del tratamiento de los trastornos físicos.
A partir del momento en que Hahnemann descubre la homeopatía el hombre deja de ser considerado como un aparato de relojería en el que la enfermedad es la falta de una, dos o más piezas (corazón, riñón, sistema nervioso) para transformarse en una Unidad Psicosomática que presenta un desequilibrio energético o de su fuerza vital. El síntoma que hace padecer al enfermo (producido por agentes externos o internos) se convierte, entonces, en una manifestación del mencionado desequilibrio. Los síntomas pueden expresarse tanto en la mente como en el cuerpo, así como en el mundo que rodea al paciente; sin embargo, siempre tienen su correlato vectorial con el punto de partida que se halla en el psiquismo. En todo paciente que concurre al consultorio existe una historia de sucesivas y múltiples dolencias orgánicas o psíquicas cuyo origen puede ser recordado o no, y que no tienen nada que ver con el motivo actual de la consulta.
El tratamiento consiste en un proyecto terapéutico establecido entre el paciente y el médico homeópata. El primero concurre a contar el motivo de su dolencia actual pero es un ser con determinadas características físicas, psíquicas y de relación sobre las cuales se asienta el motivo de su padecimiento. El homeópata se acerca a él para ayudarlo con una Filosofía del Hombre Específica, que entre otros puntos postula que la forma de curarlo no se relaciona con la anulación de sus síntomas, sino que considera que el síntoma no es sino la señal de alarma que denota que algo no funciona bien en su totalidad; por lo tanto el síntoma no debe ser suprimido. El camino a seguir es intentar abrir el laberinto de relaciones que le dieron origen. La Homeopatía entiende que cada hombre piensa de una manera determinada, siente de una forma específica y tiene sus particulares gustos y relaciones familiares y sociales. La curación, por lo tanto, no estará presionada por un concepto de inmediatez, sino que es concebida como un proceso profundo, evolutivo y regresivo que intenta hallar el motivo que dio origen a la desarmonía. Este proceso se realiza en un contexto, que es el consultorio, y a través de un remedio (sin sustancia, diluido y dinamizado) que se denomina Remedio Homeopático.
Hahnemann descubrió que si lo damos a ingerir a una persona sana crea en ésta una enfermedad artificial (que antes no tenía) con síntomas en un tono más exagerado (patogenesia) que el paciente enfermo.
Estipuló entonces que, para poder comprender exactamente lo que le sucede al hombre enfermo, es necesario crear un juego de artificio, provocando en un hombre sano una enfermedad para poder observar la expresión de los síntomas.

La Teoría Psicoanalítica
Sigmund Freud nació en Austria el 6 de mayo de 1856 y falleció en Inglaterra el 23 de septiembre de 1939, cuando contaba 83 años. Descubrió el psicoanálisis en Viena en 1896, a la edad de 40, marcando un hito en la historia de los tratamientos psicológicos. Freud elaboró la teoría del psicoanálisis cien años después de haber sido descubierta la homeopatía; por ser un hombre culto, inquieto e informado de todos los avances y descubrimientos de la época, no se duda que tenía conocimiento respecto de la Teoría Homeopática (a través de amigos y pacientes), medicina muy difundida en ese momento en toda Europa.
La Teoría Psicoanalítica postula que existe en el hombre un campo conocido por él, el Consciente (a través del que expresa sus conflictos y los verbaliza, ya sea en el área de sus conductas o en lo social) y un campo que él desconoce, el Inconsciente (que contiene sentimientos e ideas que pueden estar en oposición con las del mundo consciente). La oposición entre ambos campos desata inevitables conflictos. La tarea del médico psicoanalista es resolver estas contradicciones ayudando al paciente (a través de la verbalización) a llevar los contenidos inconscientes al campo consciente.
La Ley Fundamental del psicoanálisis es hacer consciente lo inconsciente venciendo la barrera que existe entre ambos, llamada Represión. Ésta impide el libre fluir del inconsciente al consciente y por lo tanto el paciente tiene sentimientos, pensamientos o conductas que ejecuta a pesar del displacer que le producen y no comprende el motivo de las mismas.
El tratamiento se realiza en un consultorio, con un médico psicoanalista y un paciente que padece. Se crea un marco artificial, con un lugar estable, con días estables, en una hora estable y con una frecuencia estable, que no son más que subterfugios externos que ayudan a dar un continente que posibilite el fluir del inconsciente. En este marco se trata de comprender a qué se deben las conductas del paciente, cuyo origen escénico corresponde al pasado; dicho origen es el que se intenta recrear en el aquí y ahora terapéutico. En el transcurso del tratamiento y con el fluir de la historia subjetiva y personal del paciente se comienzan a desdibujar las figuras del terapeuta como Dr. Psicoanalista y la del paciente como Sr. Paciente. Éste cuenta sus conflictos con el padre a su doctor y, en base a la respuesta del mismo, lo siente casi su padre y actúa en consecuencia (transferencia). El médico, que propició la situación para poder entender la circunstancia original del paciente, siente como su padre, madre, etc. y supone determinadas teorías como originarias de la problemática del paciente (contratransferencia).
De esta manera la teoría psicoanalítica propone la curación del paciente con el siguiente tratamiento: se ha de curar el presente sabiendo que el motivo de las afecciones está situado en el pasado. Este pasado está ubicado en una instancia, llamada Inconsciente, a la que no se puede llegar en forma directa; sólo a través de la verbalización, los actos fallidos, los sueños y los recuerdos, el Inconsciente podrá llegar al Consciente.

Dra. Elba Garber 




Los accidentes y la resistencia al cambio

Una de las dificultades del ser humano en la vida es reconocer a tiempo la necesidad de cambio y honrarla. Esta dificultad se basa en la premisa que los cambios vienen del afuera o que estamos sujetos a hechos totalmente fortuitos y externos a nosotros como es el caso de los accidentes en la vía pública o en el hogar.
En realidad nosotros no buscamos los accidentes como propósito consciente. ¿Podemos acaso entrar en contacto con algo que no tenemos nada que ver?

La resonancia es intercambio de información entre dos agentes.
Lo que sucede es que esta comunicación no es verbal sino emocional. Lo que manifestamos en el afuera está dentro nuestro. Son nuestros procesos internos inconscientes que se traducen en el afuera.
Merece la pena tratar de recordar lo que uno pensaba o imaginaba segundos antes del accidente. También cuál era el marco personal en el que este accidente acontece. Proyectar la culpa al exterior nos priva de leer el mensaje que el accidente tiene para nosotros. Generalmente establece una pauta a investigar. También cuestiona una manera de andar por la vida. Supone que hay algo que es necesario rectificar. ¿Acaso voy tan acelerado que pierdo el contacto con el centro de mi ser?
Si tengo necesidad de cambiar y no me animo, ¿busco esta liberación o salto en un accidente? Los choques siempre suponen contrariedades. Perder el control, frenar a tiempo, venirse barranca abajo, los gritos del alma se hacen audibles en un accidente. Conocemos a través del trabajo terapéutico la zona conflictiva reprimida que está tratando de emerger. Es la expresión de una zona de nuestra sombra. Quizás hay en relación a la propia agresividad o violencia un mal vínculo.
Cuando atiendo al lenguaje del relato esta zona asoma con claridad. El accidente como los síntomas tienen un propósito y sentido y activan siempre el polo rechazado de nuestra personalidad. El hiperactivo es obligado a descansar o es inmovilizado. El comunicativo es silenciado. Tomar la responsabilidad del accidente e investigar nuestra intervención es darnos la oportunidad de comprender y acceder a zonas desconocidas.
También podemos preguntarnos qué me impone o qué me impide esta situación, quién está a cargo del timón de mi vida, o de qué forma el daño sufrido me indica y advierte de pautas mentales negativas acerca de mi propia valoración personal o en la relación con los otros y la autoridad.

Ana Isabel Dokser 


Tomando Conciencia

Cuando pensamos “qué es lo que más deseo en mi vida” nos respondemos “Ser Feliz”. Alcanzar la felicidad plena es posible y diría es una obligación de vida sentirse feliz.
Para lograr un estado de plena armonía es necesario transformar nuestra forma de pensar. Generalmente vivimos sumergidos en lo cotidiano y parecemos máquinas desde que nos levantamos hasta que finalizamos nuestros días; todo lo realizamos mediante una energía mecánica.
Es necesario abandonar el automatismo y comenzar a ser concientes de cómo actuamos, de las respuestas que damos a determinados eventos externos y de los estados internos que dan origen a nuestros sentimientos. Deberíamos diferenciar los eventos de los estados; los primeros se refieren al mundo externo y los estados al mundo interno. Muchos de los eventos del mundo externo son provocados por uno mismo.
Aquí está la clave. Darse cuenta de esto, es haber observado desde una energía conciente cada pensamiento que tenemos. Se ha producido un salto cuántico de un estado inferior de conciencia a un estado superior.
En nuestra mente están presentes muchos “Yoes”. Condicionados por la cultura existente del momento en que nacimos, por la religión que profesamos, por la educación recibida de nuestros padres, etc. Otorgamos importancia a las cosas según nuestra mente. Creemos que tenemos una mente flexible. Pero, ¿Qué es nuestra mente?. Sin embargo nuestra mente tal cómo es, resulta ser prefabricada y adquirida. Cada persona tiene ciertos puntos de vista, ciertos prejuicios mentales, ciertas ideas inculcadas acerca de lo qué es justo y de lo qué es injusto y mientras todas esas ideas permanezcan sin ser puestas en tela de juicio por la persona misma mediante una atenta observación de Sí misma, dicha persona seguirá dando importancia a las cosas siempre de la misma manera y no se dará cuenta que tiene la oportunidad de cambiar la forma de pensar.
No nos damos cuenta que tenemos una mente con una forma particular. Todos nuestros hábitos mentales no son para nosotros hábitos sino verdades. Para nosotros son justos. No puede haber otro punto de vista. Somos incapaces de contemplarlos como hábitos. Esto es lo trágico y por eso no podemos ver que muchas cosas a las que les damos tanta importancia son debidas a invisibles hábitos mentales que funcionan con una energía automática y no son otra cosa que la causa de nuestros estados de sufrimiento.
Cuando comenzamos a observarnos, desde una energía conciente, es cuando comienzo a acercarme a mis estados internos, voy observando las respuestas que doy, cómo soy cuando me comunico con mis pares y vamos encontrando las llaves para ir abriendo puertas, y detectamos algunos comportamientos inadecuados para nuestras vidas.
Siempre al principio van a estar presentes ambas fuerzas, la que pertenecen a viejos modelos mentales y la fuerza nueva, la que he descubierto, es por eso que al ir abriendo puertas, la energía vital la sentimos baja, como cansados pues hemos descubierto qué cosas en nuestra vida tienen que cambiar o “a qué cosa tengo hoy que dar muerte para generar más vida” ó qué me consta que deba morir pero yo me resisto a que no muera”. Cuando comenzamos a descubrir estados de la esencia de nuestro mundo interno vamos muriendo a viejos esquemas mentales de pensamientos y rescatamos los más útiles empezamos a sentirnos rebosantes de vitalidad y de fuerza.
Cuando esto sucede comienza la iniciación, es un cambio psiquico o sea de un nivel de conocimiento y comportamiento a otro nivel más maduro y enérgico de conocimiento y acción. Esto sería acercarnos a nuestro corazón, a ser congruentes con nuestros deseos y aspiraciones más íntimas.
Muchas veces nos comportamos muy amables, con mucha necesidad de ser aceptados y en realidad lo hacemos de acuerdo a nuestro ego. Es mucho mejor ser como se es y también dejar que los demás sean lo que son.
Por consiguiente esta es la tarea, aceptar la propia individualidad y además aceptar la propia belleza, la forma de reconocer que el hecho de vivir en contacto con nuestra esencia nos transforma y modifica todo nuestro entorno.

Prof. Graciela Meghinasso 


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