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Los peligros de la sobreprotección

Ante un mundo en el que abundan los niños abandonados, maltratados o simplemente faltos de cariño, muchos padres reaccionan entregándose en cuerpo y alma a sus hijos; pero proteger demasiado puede resultar tan nefasto como el abandono. Los esfuerzos por procurarles a nuestros hijos todo lo que necesitan, ayudarles y ofrecerles un modelo de comportamiento a seguir, se transforman en constante preocupación e incluso ansiedad, y ellos se ven obligados a crecer también con esos sentimientos.
La preocupación por las vidas y los problemas de sus hijos puede llegar a ser tan torturadora que les impide comer, dormir o pensar en otra cosa. Las expectativas son tan altas que se hace inevitable una frustración continua respecto a ellos. Al temer que sus hijos pierdan el norte a menos que ellos les marquen el rumbo y lleven el timón en sus actividades diarias, se convierten en guías frenéticos, ven las responsabilidades de sus hijos como propias. Amigos, intereses e incluso su pareja son dejados de lado intentando estar disponibles para sus hijos en todo momento. Dan hasta quedarse vacíos y doloridos en su interior, pero aún así no es suficiente para detener la preocupación constante de ayudarles a ser como ellos creen que deberían ser.
Los niños que crecen en hogares donde los padres devotos y bien intencionados ejercen su papel con exceso porque les quieren demasiado, viven con una carga de ansiedad, culpa y dependencia que puede incapacitarles emocionalmente.

Los modelos del amor excesivo se adquieren inconscientemente durante la infancia y en la relación con los propios padres. En cada padre que quiere con exceso hay recuerdos de alguien que en el pasado no le dio el reconocimiento o el amor que él o ella necesitaba desesperadamente. En su interior nació la decisión de no dejar nunca que sus hijos sintieran lo que usted había experimentado.
Cuando queremos demasiado a nuestros hijos, normalmente no suponemos que se debe más a nuestras propias necesidades que a las suyas. Les damos amor, dinero, atención, comprensión y ayuda de un modo que resulta casi obsesivo; consagramos nuestras vidas a hacerlos felices resolviendo sus problemas, y el dolor de no conseguirlo puede ser insoportable. Queremos acabar con el terrible sentimiento de no ser lo bastante buenos como para ser queridos, siendo lo bastante buenos como padres. No es extraño que intentemos ser padres perfectos con unos hijos perfectos. Dar, ayudar y obsesionarse por los hijos puede llenar una multitud de necesidades de los padres; algunas de las más profundas son las siguientes:

- Dar para apoyar la propia autoestima
- Dar para compensar con creces la privación anterior
- Dar para aliviar la culpa y la incomodidad
- Dar para llenar el vacío interior
- Dar para compensar la ausencia del otro progenitor
- Dar para compensar la propia ausencia
- Dar a cambio del comportamiento del niño

Está claro que los padres que dan demasiado a menudo lo hacen por sus propias necesidades insatisfechas. Nada de lo que hacemos es suficiente para que nuestros padres se sientan satisfechos y llenen sus necesidades emocionales; no podemos compensarles por las pérdidas y decepciones que han sufrido.
El resultado de haber sido mimados en la infancia es una actitud de espera pasiva a que la gente nos dé, acompañada de la idea de que, cuando nos den, nosotros tendremos que satisfacer una montaña de necesidades suyas, incluso comprometiéndonos en ello. El resultado es un montón de contradicciones en nuestras vidas:
- Nos sentimos con derecho a que la gente haga las cosas por nosotros y nos cuide; cuando lo hacen, nos sentimos incómodos, obligados, agobiados y forzados a alejarles de nosotros pues nos parecen demasiado necesitados.
- Nos creemos especiales y a veces incluso mejores que otros.
- Ahuyentamos a la gente haciéndonos exageradamente dependientes de ellos o mostrándonos distantes y arrogantes.
- Nos sentimos arrastrados en dos direcciones opuestas.

Estas contradicciones son el resultado de haber tenido unos padres sobreprotectores, de haber recibido demasiado. Por eso nunca nos sentimos en paz con nosotros mismos.

Dra. Elba Garber 




El Camino del Ser

En la filosofía china el estado de salud de un individuo es eso, “un estado”, una expresión de la actualidad de la persona en términos de los equilibrios bioenergéticos físicos y mentales.
Es de conocimiento generalizado que la Medicina Tradicional China es uno de los pilares de la curación energética por excelencia. Esta se basa en el carácter dúctil y natural de la circulación de energía vital llamada Chi y la Teoría de los Cinco Elementos es en principio el instrumento explicativo para poder así interpretar los ciclos vitales del ser humano, siendo la herramienta que proporciona la información necesaria para la aplicación de las diferentes técnicas tales como: la acupuntura, los masajes, las moxas, los ejercicios, la herboristería, la meditación, las ventosas, etc.
En este compendio de sabiduría sobre el funcionamiento del cuerpo humano hay un área particularmente importante que se refiere a la respiración, por ser la combinación de los alimentos y el aire los que proporcionan energía. El vínculo del agua como elemento primordial para toda transformación y transporte de materia, cierra el ciclo de las circulaciones del cuerpo físico.
Hay un aspecto diferenciado de las energías humanas que representan un caudal de excelencia por ser el verdadero potencial por el que se distingue la personalidad, la energía psíquica. Esta permite el “Neigong” o sea el trabajo personal interior que desarrolla cualidades superiores hasta descubrir el “Neijing” o sea la esencia del Ser.
Es un camino bellísimo con muchas derivaciones que hay que aprender y valorar por ser la motivación de todo ser humano que confía en su evolución. En algunas ocasiones nos vemos lejos de poder continuar este rumbo o las circunstancias de la vida no permiten que logremos siquiera ver con claridad cuál es el próximo paso, entonces todo parece confuso y difícil. Lo cierto es que esto ocurre cuando un desequilibrio energético en el plano mental nos deja sin posibilidades de continuar y aparecen las depresiones, los miedos, las fobias, el automatismo, el stress, la tristeza, la agresión, el extravío, etc.
Sanar la mente es de máxima importancia, de ella y sus procesos dependen nuestras decisiones. Tener conciencia de la fragilidad del equilibrio cuando hay factores corporales, emocionales y de la Creación que nos condicionan es captar con el sentido común las necesidades propias del estado de cada uno de nosotros. Cuando las influencias evolutivas y hasta el conocimiento nuevo que incide en los pensamientos modifica la energía de la mente, hay que permitirle que se adapte. La voluntad de cambio es poderosa en ciertas etapas de la vida y el juego perfecto de las mentes humanas hace que nos necesitemos, nadie es en la existencia, tan individuo como para no reconocer su necesidad de contención, ayuda y amor.

Un camino a tu esperanza, el conocimiento y la experiencia, una alternativa eficaz para restablecer tu equilibrio natural.
Cordialmente,

Inn Long (E.M.) 


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