econociéndonos

erapias Alternativas

iencias de la conducta

legidos del mes

iferentes manifestaciones energéticas

uerpo y Entorno

studios personales







Compartiendo Energías y Espacios Sagrados

Todo lo que nos rodea está compuesto de energía dinámica, incluyendo nuestro espacio personal, interior o exterior, físico o espiritual. Estos espacios son energía al igual que nosotros, quienes como seres humanos, o animales, o partes de la naturaleza, somos energía. Es decir, que la energía de nuestros espacios es parte de nuestro ser y esa energía es, a su vez, un “ser” en evolución. Vivimos con esta energía en interacción constante; nuestros sentidos la perciben y la relacionan con el entorno físico y nuestro espacio interior.
Si bien consideramos el espacio en que vivimos nuestro hogar o espacio personal, éste es más que una estructura física, es un refugio personal. Como tal nos refleja, porque es el lugar donde descansamos, cargamos baterías y nos permitimos soñar rodeados de confort y seguridad. Es más, desde nuestros hogares nos atrevemos a enfrentar los desafíos del mundo exterior, particularmente si hemos hecho del mismo un espacio sagrado, es decir un lugar donde honrar lo divino en su forma material.

El propósito de un espacio sagrado es despertar la conciencia de nuestra íntima conexión con el mundo espiritual y con la totalidad del universo. Y mucho más. Porque un espacio sagrado, en nuestro propio hogar o fuera de él, nos ofrece el vehículo que nos sana a nivel personal y global. Del mismo modo, un espacio sagrado puede ser una fuente inagotable de educación espiritual revelándonos a cada instante que nuestros espacios, tanto internos como externos, son el microcosmo del macrocosmo de nuestra existencia multi-universal.
Cuando se vive solo, es relativamente fácil mantener un buen contacto con la “energía residente” de nuestro hogar. Una plena conciencia de esta energía más un mínimo esfuerzo nos permite crear un espacio energéticamente limpio al que le vamos incorporando nuestras energías personales, reforzadas con buenas intenciones.
Lo que logramos es un espacio sagrado, muy nuestro, muy personal.

Por el otro lado, no es tan fácil mantener un espacio sagrado en estado puro cuando lo compartimos con otras personas. En su mayor parte, estas personas son miembros de nuestras propias familias, las que seguramente habitaron ese espacio por un buen tiempo. Ahora bien, debemos tener en cuenta que en cualquier espacio, las influencias vibratorias más fuertes provienen de los pensamientos y las emociones de los seres humanos que viven o transitaron por ellos: su impronta queda allí. Se reconoce también que las emociones humanas tienen su propia estructura energética y ésta se dilata por mucho más tiempo después de haber sido sentidas. En el caso del espacio en común, la energía del mismo se transforma en una conciencia viva, producto de los pensamientos, sentimientos y emociones de cada uno de los que viven en él.
No cabe duda de que es esencial que en un espacio comunitario se mantenga una energía armónica para crear la paz que deseamos y necesitamos. No importa dónde o cómo hemos vivido anteriormente, cada vez que cohabitemos con otros, deberemos esforzarnos en hacerlo positivamente, recordándonos a nosotros mismos que en un espacio compartido, todo lo que sentimos es a su vez sentido por los demás.
Naturalmente, la armonía y la energía de ese espacio en común sufre cuando los sentidos se llenan de plebeyas visiones: piletas abarrotadas con platos sin lavar, desorden por todos lados, sonidos invasores, olores desagradables, etc. ¿Cómo solucionamos esta situación? Diligentemente.
Es decir, comunicándonos, escuchándonos los unos a los otros y respetando el espacio individual de aquellos con quienes compartimos ese espacio en particular. Este, en sí, es un proceso muy interesante, porque existe la posibilidad de que nos sorprendamos gratamente. Por ejemplo, descubriríamos que a la otra persona realmente le gusta lavar los platos, y a la otra no le importa sacar la basura. También, se podría llegar a un acuerdo en que la mejor manera de evitar invasiones personales sería organizando los respectivos horarios.
De esta manera, los momentos dedicados a la meditación o a escuchar nuestra música favorita ocurrirían durante la ausencia de la otra persona, y nuestras lecturas podrían esperar hasta las horas en que nuestro cohabitante prefiera dormir. Lo que sí importa es tomar conciencia y tener en cuenta las necesidades y energías de cada uno de nosotros, pero por sobre todo, de la energía residente del espacio en el que vivimos, es decir del espacio sagrado comunitario.
¿Qué podemos hacer entonces en cuanto a los resentimientos acumulados hacia los que comparten nuestros espacios? Estos, de hecho, se perciben muy fácilmente; sus pesadas fuerzas energéticas bloquean el ambiente, prolongan la negatividad y pueden causarnos trastornos tanto físicos como emocionales. En este tipo de situación, es necesario cambiar esa atmósfera de raíz, y la mejor manera es expresando energías limpias, libres de pensamientos y palabras fuertes, practicando un humor delicado, enfatizando el amor y compasión hacia nuestro prójimo. Nuestra mejor oferta hacia ese espacio sagrado comunitario son la intención, la comunicación, el respeto y la cortesía hacia los demás porque estas manifestaciones son claves energéticas que conservan la armonía familiar o grupal.
El compartir nuestros espacios sagrados y nuestras vidas es parte de un aprendizaje que tiene como propósito ayudarnos a fraguar la mezcla de energías positivas que afecten nuestros espacios inmediatos. El siguiente e importantísimo paso sería el aplicar estas mismas energías positivas a los mundos exteriores, como por ejemplo nuestro entorno laboral, el mundo político, o el Planeta, el cual es, después de todo, nuestro gran espacio inclusivo y compartido.
En estos tiempos actuales, impregnados de conflictos bélicos, cinismo, indiferencia y falta de respeto hacia el ciudadano común, es muy puntual que valoremos las experiencias adquiridas en nuestro carácter de espacios sagrados. La energía espiritual que habita esos espacios, o sea nosotros mismos, se basa en el amor que damos y recibimos dentro de ellos. Nuestra misión, por lo tanto, es compartirnos los unos con los otros, como espacios y energías, dando y recibiendo amor. Al hacerlo así equilibraremos nuestro ser básico, solidificaremos nuestro lugarcito en el viviente y siempre compartido universo, y fluiremos con él.

Lic. Norma Beredjiklian 


Departamento Comercial:

Tel: (011)4783-9343
Tel: (011) 6009-9190
ventas@mantra.com.ar
Lunes a Viernes
de 08:00 a 20:30 hs.

Volver a
www.mantra.com.ar

www.mantranews.com.ar