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¿El miedo... es sonso?


El miedo en su función primaria estaría para asegurarnos la supervivencia y poner una alerta frente a los peligros, pero si éste sale de cauce se puede convertir en "un monstruo grande que pisa fuerte" y que nos impedirá vivir en libertad. Este "monstruo", incluso, ha sido una herramienta de dominio durante siglos. Utilizándolo, hasta se ha logrado que millones de personas cumplan los deseos (non sanctos) de apenas unos pocos. Este a veces se disfraza de enojo, otras de tristeza, otras de depresión
pero siempre es el mismo y de acuerdo a nuestras características tomará una forma y se ubicará en una o más áreas de nuestra vida.
¿Qué hacer? Hay varias cosas que se pueden hacer, reconocerlo, mirarlo a la cara y también comprender donde se "cría". Siempre que vivamos paseando entre lo emocional y los pensamientos el miedo podrá estar presente. Si en cambio el presente está en nuestra Esencia éste desaparecerá, no tendrá de qué alimentarse.
¿Cómo es el contacto con nuestra Esencia? Algunos lo saben bien, aunque diría que todos, de manera conciente o no, conocemos ese contacto, a veces es un segundo, pero en ese segundo sin lugar a dudas sentiremos una inmensa paz y bienestar.
A veces sucede mirando un paisaje que nos atrapa, escuchando el silencio en un lugar de montaña, mirando un bebé, escuchando una música especial.
Es un instante mágico en donde no existe el tiempo y ese momento es todo lo que "es".
El lidiar con los temas de la materia, en esta tercera dimensión, puede resultarnos muy pesado si lo hacemos desde la personalidad y el sin fin de sensaciones y pensamientos con los que se maneja. Si aprendemos a contactarnos más seguido con nuestra Esencia o Verdadero Yo será mucho más fácil ya que allí reside la fuente de nuestro Poder y Sabiduría . El aprender a echar mano a ese tesoro que cada uno de nosotros "es en sí mismo", nos cambiará la vida.
Las técnicas de autoconocimiento nos ayudarán en esta práctica, llevándonos a vivir con mayor libertad y eligiendo lo que deseamos desde el amor, la serenidad y el bien común.

Prof. Marta I. Villafañe 


Republiqueta de Cromagnon

Por Mex Urtizberea / para LA NACION
Vacunas de hierro que matan. Aviones que se despistan trágicamente. Trenes destrozados. Autos que corren picadas asesinas. Motociclistas sin casco. Rutas sin señalización. Choferes de micros sin dormir sobre rutas sin señalización. Esquinas fatales que esperan por un semáforo. Alcantarillas traicioneras. Barreras tramposas. Hamburguesas sospechosas. Cables sueltos, pelados, mojados, en lugares públicos. Expedientes que se pierden. Prófugos que no se buscan. Justicia sólo de a ratos. Documentos nacionales de identidad que tardan meses en llegar. Documentos nacionales de identidad que se compran en cualquier lado. Puertas de vidrios en escuelas. Escuelas sin puertas, ni estufas, ni tizas. Patovicas violentos que no figuran en ningún registro. Burocracia para plantar un arbolito. Arboles que se talan impunemente. Elementos radiactivos que reparten cáncer a los habitantes. Deposición sin esterilizar de residuos patógenos. Deshechos industriales que contaminan el agua. Aguas que se venden. Barrios sin agua, con 37 grados de calor. Pueblos inundados.
Cortes de luz sin responsables a la vista. Estadios de fútbol cuyos alrededores se convierten en trampas mortales. Trampas en las planillas, en las boletas, en los tickets. Armas en cualquier mano. Geriátricos y guarderías en manos de nadie. Autos contrabandeados. Discapacitados sin rampas. Cordillera catamarqueña en venta. Reservas naturales en venta. Y un boliche asesino. Desidia asesina. 185 muertos. Estamos menos civilizados que el hombre de Cromagnon, menos avanzados, organizados, evolucionados. Somos la República atada con alambre, hecha de cartón y media sombra, de coimas y negligencias, de piolas, bananas, vivos, langas, cancheros, pistolas, winers. De inspectores sólo de quioscos. De permisos permitidos ineficazmente. Somos la República en emergencia, sin puertas de emergencia; en llamas, sin matafuegos. Somos la República en la que una cadena de irresponsabilidades termina en una puerta de salida cerrada con cadena. Somos la República de los 185 muertos porque sí. Republiqueta de Cromagnon es tu nombre, Argentina.

Lic. Ana Liguori 


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