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¿Por qué nos enojamos?

Esa sensación que surge del malestar y parece brotar de las entrañas como un volcán en erupción, que por un lado nos empuja a seguir adelante pero por el otro se convierte en un arma destructora y que además nos trae más problemas que el problema mismo, es la del enojo. Algunos pueden expresarla fácilmente haciendo la vida imposible a cualquiera que esté a su alrededor y otros acostumbrados a callar, la reprimen temerosos de que al soltarla se conviertan en poco menos que monstruos capaces de cualquier agresión, volcándola entonces hacia sí mismos. Algunos culparán del mismo al país, al jefe, a la "situación económica", a la suegra, a la pareja, al trabajo, al "no tengo tiempo", en fin razones podrían haber miles, pero
mientras busquemos culpables en nuestro entorno achacándoles todos nuestros males, difícilmente encontraremos la salida a esta sensación y a muchas otras.
En realidad la mayoría de los que estarán leyendo esto saben que el enojo generalmente es con uno mismo, porque las cosas "no salen como yo quiero", porque no dije lo que quería decir en el momento adecuado, porque estoy harto de desear cosas que nunca consigo, y en fin todo lo que se quiera agregar a esa especie de estado de frustración constante que se maneja en estos casos.
¿Qué hacer? Hay mucho para hacer. Lo primero, empezar a tenernos más paciencia, podríamos seguir por acostumbrarnos a hacer pie en todo lo positivo que tenemos, en todo lo que logramos, en lugar de en todo lo que se supone nos falta.
El estar atentos a nuestros aciertos, restándole críticas a nuestros errores, recordando que cometiéndolos hemos aprendido infinidad de cosas. Guardar siempre un tiempo para nosotros, para nuestras necesidades, nuestros gustos, nuestros planes. Aprender a poner límites cuando nos molestan, nos tratan mal, nos invaden. Actuar más desde lo que verdaderamente somos y sentimos. Respetarnos y aceptarnos con todo lo que traemos nos ayudará a seguir creciendo con menos exigencia y más alegría. De esto se trata el auto-conocernos, de aprender también a "pasarlo bien" y estar menos tiempo llenos de preocupación, de conectarnos cada día más con nuestro Verdadero Ser, facilitando de esta manera la expansión, que implica abrirnos a todo lo BUENO que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros.

Prof. Marta Irene Villafañe 


Lo oculto

La sociedad sufre un proceso de desintegración que la incapacita para funcionar como subestructura temporo-espacial, fuente de seguridad para los individuos. Esta crisis social magnifica el fenómeno de la idolatría, presente de un modo implícito o explícito en cada uno de nosotros.
El hombre recurre a técnicas defensivas que lo liberen del insospechable sentimiento de inseguridad. Busca en el ídolo un modelo que funciona como la antítesis del chivo emisario o depositario de toda culpa. Se establece con el ídolo un vínculo positivo y aquel se convierte (en lo que en psicología se define como) objeto bueno. Su valoración sufrirá modificaciones cuantitativas, en proporción al monto de la angustia. Toda esta situación está marcada por el signo de la incertidumbre.
Toda actividad del yo se centra en el esfuerzo por controlar esos objetos y evitar la contaminación de lo bueno. Cuando ese yo sufre frustraciones se incrementan los miedos y aparece el trastorno en la conducta, que puede ser descrito como un enfermar de amor y por odio.

El sujeto se une al ídolo con lazos de dependencia. Esta situación de dependencia puede presentar modalidades diferentes:
a) simbiótica: si hay intercambio entre hombre e ídolo;
b) parasitaria: si el sujeto subsiste a expensas del ídolo; y
c) siamétrica: si la fusión con el objeto idealizado es total.
Dentro de la constelación de "Dioses sin rostro" a los que recurre el hombre moderno para ponerse a salvo de sus ansiedades, la ciencia, con la audacia de sus descubrimientos y el despliegue espectacular de la tecnología, cumple un rol de ídolo todopoderoso, acreedor de todos los sacrificios.
El desarrollo de la humanidad se cumple a través de tres momentos: el Mágico, el Religioso y el Científico. El pensamiento, en una cadena causal, trata de imponerse sobre la magia y el milagro, que ya no resultan operativos para controlar los viejos miedos humanos.
Puede afirmarse que a mayor miedo, más compleja y poderosa se hace la estructura del ídolo. La ciencia conjuga lo racional con lo mágico y esta identificación entre sabio y hechicero aparece como reacción frente al esclarecimiento de los fenómenos sociales y del manejo de la conducta. La tarea de nuestra cultura será la de guiarnos para reelaborar una nueva concepción del mundo que sea la base teórica de una nueva civilización sin contradicciones ni limitaciones.

Lic. Ana Liguori
Autores consultados: E. Pichon Riviere, A. Pampliega de Quiroga
 




Hidroterapia del Colon


El colon es un tubo de aproximadamente 1,80 m. de largo y de 3 cm. de diámetro. Un colon sano tiene una medida y tonicidad uniforme. Se extiende desde el ciego, donde desemboca el intestino delgado, sube hacia la cavidad abdominal y desciende por el lado izquierdo del cuerpo y finaliza en el recto. Las tres funciones principales son:
1- Finalizar la digestión de nuestra comida
2- Eliminar los residuos de esa digestión
3- Descargar las toxinas del cuerpo

Experimentamos un gran bienestar cuando el colon se limpia normalmente, pero cuando se congestiona con incrustaciones, venenos y toxinas, estos vuelven a entrar al torrente sanguíneo.
Este proceso se llama autointoxicación y afecta todos los tejidos.
Cuando los venenos llegan al Sistema Nervioso generan irritabilidad y depresión; cuando llegan al corazón, debilidad y pobre circulación; cuando llegan al estómago inflamación; cuando llegan a los pulmones mal aliento; cuando llegan a la piel producen color cetrino, granos y arrugas, y cuando llegan a las glándulas, fatiga o letargo.

Autointoxicación es el factor causativo de numerosas enfermedades.
El colon es el hábitat donde se generan las enfermedades. Además hay otros factores que contribuyen a esto: dieta impropia, ejercicio insuficiente, estrés, fumar, beber, medicamentos, exceso de comida e ignorar la importancia de defecar. La mayoría de nosotros llevamos años de una mala alimentación, comemos alimentos refinados, sobre cocidos y saturados con aceite y grasas.
Con estas comidas el cuerpo no puede procesar los minerales adecuadamente. Y entonces éstos, entran al colon desde el intestino delgado como desechos en lugar de ser nutrientes.
La gran cantidad de carne, lácteos y harinas son la causa de grandes producciones de mucus y de una materia fecal dura y viscosa.
La acumulación de mucus es difícil de expulsar y cuando esto ocurre queda en las paredes del colon una goma formada por sucesivas capas que con el tiempo se convirtió en una dura costra.
El cuerpo no puede eliminar las capas espesas de mucus por sí mismo y así es arrastrado durante toda la vida de una persona como una carga tóxica. Si los residuos no se digieren completamente, quedan en el colon más de 24 horas y entran en putrefacción, y cuando esos desechos se combinan con los ácidos biliares pueden formar células carcinógenas y sabemos que estas pueden desarrollar un cáncer de colon o del recto. Por lo tanto, podemos decir que aumentar la habilidad para expulsar la materia fecal reduce los riesgos del cáncer.
(Continuará)

Ana Acuña 


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