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Nuestras voces interiores en los vínculos interpersonales

La mayoría de nosotros conoce bien a la familia externa en la cual ha nacido. Todos tenemos, o hemos tenido padres, abuelos, hermanos, tíos o primos. Incluso podemos tener amigos muy cercanos que, en algunos casos, funcionan como miembro de la familia. Aprender acerca de nuestras familias y del lugar que ocupamos dentro de ellas, es parte muy importante del proceso de crecimiento. Sin embargo, contamos con una familia interna tanto como una externa. Esta familia interna esta directamente influenciada por aquellos que han sido los más cercanos a nosotros. Consiste, en principio, en distintas subperesonalidades o patrones energéticos, que maestros, o todo aquel que haya ejercido cierta clase de influencia sobre nosotros, o por el contrario, pueden representar exactamente los patrones opuestos. Dado que estas voces interiores, o "selves", como podemos llamarlos, están con mucha frecuencia en control de nuestra conducta, mientras no seamos conscientes de las presiones que ejercen sobre nosotros, no estaremos verdaderamente a cargo de nuestras propias vidas. ¿Cómo se desarrollan esta subpersonalidades?
Cuando crecemos en una familia y cultura determinadas, cada uno de nosotros somos adoctrinados con ciertas ideas acerca de la clase de personas que debemos ser. Dado que de infantes y niños somos en extremo vulnerables, es para nosotros muy importante conducirnos de acuerdo a estas pautas para sentirnos aceptados, protegidos y amados.
Este niño interior nuestro puede ser entendido como la puerta de entrada a nuestros más profundos estados del ser, a nuestro espíritu si se quiere, y es a este niño a quien, pasamos nuestra vida entera, tratando de proteger a toda costa.
Muchos "selves" se desarrollan dentro de nosotros muy temprano en nuestras vidas para tratar de proteger nuestra vulnerabilidad en las relaciones con otras personas. Uno de ellos es el "empujador" (pusher). Esta voz nuestra, confecciona listas, nos empuja a completar tareas y nos mantiene ocupados y productivos, de manera que nuestro niño interno sienta que somos buenos y que la gente nos admirará. Suele ser menos útil en cambio, cuando tratamos de relajarnos y tiende a interferir con la intimidad. Otro importante aliado es el "perfeccionista". Esta parte nuestra, nos impone metas de perfección por lo general en todos los frentes. El perfeccionista no tiene tolerancia por la fragilidad humana y puede ser muy duro en su punto de vista de las relaciones interpersonales. Nuestro "crítico interno" trabaja junto al "perfeccionista" para protegernos.
Si el "yo crítico", se sorprende todo nuestros errores, falencias e imperfecciones, antes que ninguna otra persona lo haga, nada en nosotros habrá entonces que pueda disgustar a otros y que daremos a salvo de critica.
Otra voz que intenta ayudarnos a muchos de nosotros a ser aceptados, es el "complaciente" ("pleaser"). El "complaciente" es exquisitamente sensible a las necesidades y a los sentimientos de otras personas y muy gentilmente nos guía en la delicada tarea de cubrir todas las necesidades. De este modo los demás tendrán elevadas opiniones acerca de nosotros. Lamentablemente, si lo escuchamos todo el tiempo, tenderemos a olvidar nuestras propias necesidades.
Cuando todas estas voces actúan de un modo constructivo, pueden ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento. Sin embargo si ellas toman el control en nuestro lugar, pueden impedirnos la experimentación, pueden quitarnos la posibilidad de aportar la totalidad de nuestros complejos, contradictorios y apasionantes " selves" a nuestros vínculos interpersonales.
Pero si las conocemos y entendemos como funcionan en nuestro interior, nos puede permitir realizar las infinitas posibilidades, que existen dentro de nosotros.

Lic. Leonor Denker
Psicóloga
 


Aceptando los cambios

Desde el día en que nacemos estamos en una continua transformación, vamos cambiando el físico, las sensaciones, los pensamientos, las circunstancias, las relaciones, las actividades, las ganas, los gustos... y podría seguir.
Sin embargo, no parecemos acostumbrarnos a esto ya que en la mayoría de nosotros cualquier cosa que implique cambiar algo a lo que estábamos acostumbrados o acostumbrándonos, nos llena de ansiedad e incertidumbre. Por lo que reaccionamos tratando de que el cambio no se produzca, nos enojamos, luchamos para que todo siga igual y nos llenamos de fantasías caóticas acerca de nuestro incierto futuro. En realidad lo que nos provoca los miedos es lo "incierto" del futuro, el no saber "qué va a pasar", y esta resistencia al cambio es lo que muchas veces nos trae problemas, no el cambio en sí. Es bueno saber que cuando se nos cierra una puerta es porque otras se están abriendo, que la situación de cambio se presenta cuando hemos terminado un ciclo de aprendizaje, ya sea en un lugar de trabajo, en una relación de pareja, en mudanzas, en vínculos en general.
Es cuando tenemos oportunidades de tomar nuevos caminos, emprender nuevos proyectos y relaciones. Lo fundamental para tener en claro es que SIEMPRE los cambios son buenos, aunque en un principio no lo parezcan, y es muy importante la actitud que tomamos frente a ellos, para que se desarrollen de la mejor manera y podamos aprovechar al máximo las oportunidades que nos ofrecen. Las crisis que surgen en los momentos de transición podemos vivirlas dramáticamente o como la oportunidad de proyectarnos en un futuro nuevo y mejor. Desterremos el dicho popular que dice "mas vale malo conocido que...", que nos condiciona a la inacción y frustración, que nos deja parados en un lugar que a la larga nos damos cuenta que no es en el que queremos estar. Recordemos que podemos elegir, que lo que hacemos hoy es el resultado de mañana.
Enfrentando los temores, liberándonos de lo viejo, comenzaremos a abrirnos al mundo de infinitas posibilidades que existe para cada uno de nosotros.

Prof. Marta I. Villafañe
 



Las diosas del Oráculo de la Luna

(continuación)
Hoy vamos a hablar de HERA.
Hera pertenece a los dioses del panteón griego. Sentada sobre su gran trono, Hera, diosa del cielo, esposa de Zeus, el Dios del Olimpo, demuestra su gran dignidad.
Sobre su cabeza lleva la corona de reina, decorada con las aves sagradas. Diosa del matrimonio y la maternidad, protegía a todas aquellas uniones que pidieran su protección.
Junto a Zeus, tuvo cuatro hijos: Ares, Hefesto, Ilitia y Hebe.
Ares, dios de la guerra; Hefesto, dios del fuego y esposo de Afrodita; Ilitia, abogada de los alumbramientos; Hebe, esposa de Hércules, personificaba la juventud.
Hera simboliza la madurez y la dignidad.
En su mano derecha esgrime el bastón de autoridad, en cuyo extremo aparece una media luna sobre la que descansa la orbe del sol.
Esta Diosa corresponde al signo zodiacal Cáncer, junto al elemento agua.
Continuará...

Lic. Ana Liguori
 


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